Mi TRATADO DE SOLFEO CONTEMPORÁNEO,
en abierto y libre, treinta años después.
Casi dos mil páginas para el estudio y la práctica
de la escritura musical occidental hasta el presente.

Cuando en los años 70 terminé mis estudios en el

Real Conservatorio Superior de Música de Madrid,

una de mis conclusiones más claras era que nuestra generación había recibido -y previsiblemente iba a suceder lo mismo con las siguientes- una enseñanza de Solfeo buena o mala, pero muy envejecida en la realidad de la música que se practicaba en el mundo en aquellos años; y de la que se iba a practicar en las décadas siguientes, hasta hoy.

Por supuesto que lo que habíamos aprendido como Solfeo tradicional (nunca me gustó la expresión Lenguaje Musical) seguía manteniendo su vigencia si lo que queríamos era tocar la parte de clarinete en una sinfonía romántica, cantar polifonía en un coro aficionado, o componer como lo hizo Bruckner. Pero íbamos a quedarnos en blanco al intentar leer una sonata de Boulez o tocar el trombón en un estreno de Luis de Pablo. Y más aun si nos invitaban a una performance tipo Cage o a componer un ejercicio de estilo sobre la técnica serial.

 

En octubre de 1979, y respaldados por un formidable equipo de enseñantes, Rosa María Molleda (luego, mi mujer) y yo mismo abríamos un centro de enseñanza musical muy enfocado hacia la música contemporánea. Fue el Centro de Enseñanza Musical Maese Pedro (con sede junto a la mismísma plaza de Cibeles), que si no recuerdo mal fue además el segundo centro privado en España reconocido con validez oficial, o sea como Conservatorio Privado.

 

En lo que a la enseñanza de Solfeo se refiere, pronto comprendí que poco se podía hacer con aquellos libros de toda la vida. Los había excelentes, sin duda, pero se habían quedado muy atrás en el tiempo y en la estética. De modo que en el verano de 1980 inicié la tarea de construir un Tratado de Solfeo de nuevo cuño que, partiendo de los rudimentos más elementales de la enseñanza tradicional, evolucionara de manera natural hacia los conceptos y prácticas de la «música moderna» (entendiendo por tal la del periodo 1920 - 1955) y luego la de la denominada «música contemporánea» (considerando ésta como la posterior a 1955).

 

La idea era que este trabajo me ocupara durante unos cinco años. Pero la realidad fue que tardé diez años y diez meses en darle cima. Pues el decimoquinto y último libro salía a la calle en junio de 1991.

 

Detalle a no olvidar es que un día de 1980 en Cuenca, charlando con el inmenso artista Fernando Zóbel junto a Rosa, Margarita de Lucas y Antonio de Navascués, le conté a Zóbel (eterno estudiante de música y aceptable flautista) mi voluntad de iniciar la redacción de este Tratado. Con su generosidad habitual, se ofreció a proporcionarnos no sólo la preciosa portada (el grabado original cuelga hoy, dedicado a Rosa y a mí, en nuestra casa) sino la tipografía y la gama de cinco colores que debían seguir los cinco niveles.

 

El Tratado está dedicado «a Rosa». Como escribí al terminar el trabajo, para explicar mis motivos de gratitud a Rosa debería escribir otras tantas páginas como contiene este Tratado. Y más aún hoy, que esa gratitud se ha renovado cada día, a lo largo de ya camino de medio siglo.

 

Han pasado treinta años exactos desde que terminé el Tratado (casi 41 desde que lo comencé) y desde entonces han sido muchos miles de jóvenes (o no tan jóvenes) que se han formado con estos quince libros. La mayor satisfacción: el encontrarme hoy día con algunos instrumentistas, excelentes elementos de nuestras orquestas, que aprovechan un descanso o un café en la máquina de algún Auditorio para contarme que estudiaron la carrera con «el Temes». O incluso el recuerdo de un joven que al verme en el camerino del Auditorio de Santiago de Compostela, le dijo a su novia: «¡Mira, ése es el autor del Temes!». Pero pienso también en otros miles de alumnos desconocidos que lo tomaron sólo como un divertimento sin pretensión profesional, pero que estudiaron y se motivaron con esos textos. Me alegra mucho pensarlo.

 

Ya inactivas las dos editoriales en las que sucesivamente se publicaron estos libros, me complace poder ofrecer estas CASI DOS MIL PÁGINAS en abierto y de libre acceso a las generaciones sucesivas. Ojalá les ayude en ese proceso tan fascinante que es atrapar en un papel eso tan etéreo e indefinible que es la música. Porque el que con una misma codificación, que llamamos Solfeo, se pueda fijar por escrito el Officium Defunctuorum de Vitoria, Psapha de Xenakis, Yesterday de Lennon/MacCartney o la Noche pasiva del sentido de Cristóbal Halffter… me parece uno de los logros más portentosos de la cultura occidental.

José Luis Temes

Mayo de 2021

       a:  Teoría 

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